El legado de Gertraud Möhwald

Lo fantástico del arte en todas sus expresiones es su capacidad para transmitirnos un sentimiento que llega a nuestra conciencia para inundarla con una nueva perspectiva. La creación artística se nos ofrece siempre como una ventana hacia otra realidad: ya sea un cuadro, una escultura, un libro o una pieza musical, este producto que ha nacido del talento y la imaginación de una persona nos ofrece así su visión del mundo. 

La cerámica por supuesto es una de estas expresiones singulares, cuando se pasa del plano de la alfarería al de la escultura. Aunque bien se puede considerar como arte la misma belleza de un plato o una tinaja, en el aspecto de la cerámica su expresión más sublime se encuentra en la misma escultura.

 

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Una de las artistas más representativas de la cerámica alemana es Gertraud Möhwald, una mujer que tuvo una prolífica carrera como escultora hasta que falleció por allá a sus 73 años en un accidente de tráfico. Esta artista de cabello rubio, con un porte fuerte y una presencia maternal, marcó una pauta muy singular para el arte germánico, tanto así que se han escrito ya varios libros y numerosos artículos sobre su obra.

Gertraud, esta artista alemana, nació en la ciudad de Dresde, donde residió hasta que fue asolada por los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial en el año 1945, lo que sin duda sería una experiencia muy pero muy significativa en ella y que evidentemente se ve reflejado en su trabajo. Lo cual es natural, ya que un artista independiente del campo en el que trabaje, siempre está siendo impulsado por demonios, tal como solía decir el novelista norteamericano William Faulkner. Y cómo no podía influir este hecho en su vida, tratándose de todo el caos que afrontaba su país y el resto del mundo mientras ella era solo una muchacha de 16 años.

 

 

Gertraud cabeza 2


Tras vivida esta experiencia y abandonar su ciudad por los motivos de la guerra, ella regresa años más tarde para ingresar a la Academia de Bellas Artes donde se convirtió en aprendiza del escultor Rudolf Kreische, motivo por el cual fue víctima de bullying por parte de sus compañeros.

Se inició como una simple alfarera tal como suelen hacer todos los ceramistas, creando jarrones, platos y pequeñas obras de arte. Después de lo cual dio un salto como artista plástica profesional, por lo que sus obras adquirieron un matiz que se prolongaría por el resto de su vida, un estilo en el que naturalmente influyeron artistas como Gustav Weidanz y su esposo, el señor Otto Möhwald, un pintor con quien tuvo cuatro hijos. Y aunque tras el nacimiento de su primer hijo detuvo por un tiempo su actividad como artista, este fue un periodo donde siguió formándose académicamente, antes de dedicarse a la cerámica de tiempo completo como freelance además de prestar sus servicios como profesora en la Academia de Arte en la ciudad de Dresde.

Una de las personas que tuvieron la suerte de conocer sus clases fue Renate Luckner-Bien, quien dijo alguna vez que: Gertraud Möhwald era una profesora extraordinaria en todos los aspectos”. La actitud intransigente de esta artista alemana animó a los estudiantes a ser totalmente disciplinados, a través de un trabajo artístico independiente.”

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A la hora de hablar sobre la obra de Gertraud Möhwald, es necesario decir que trabajo principalmente en representaciones de la figura humana y rostros. Son muchos los bustos que elaboró en donde el material tiene una característica muy interesante: la cerámica aquí se ve totalmente vulnerada, se siente un atropello voluntario por parte de esta mujer alemana, lo que nos hace reflexionar por un instante en la destrucción y en la muerte.

Cada obra inspira una tristeza dulce, lo que debe ser un profundo reflejo de lo que constituía para ella el arte como liberación y reflexión capaz de desatar las tensiones y los miedos más profundos del alma. Está claro que teniendo el contexto en el que vivió esta mujer, dónde fue testigo de la Segunda Guerra Mundial, la Guerra Fría y la caída del Muro de Berlín, su obra goza de los conflictos emocionales, estéticos y espirituales de toda esta época. La perversión y el malestar que brota de sus obras, que parecen haber sido víctimas de los más atroces bombardeos y la irracionalidad de los hombres, están ahí para interpelarnos sobre la crueldad y los límites de la raza humana.

Por todo esto Gertraud Möhwald goza con los suficientes derechos para convertirse en una ceramista universal del arte de la alfarería alemana.

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Si quieres conocer más sobre su obra entra en: https://es.pinterest.com/genevieve0427/gertraud-m%C3%B6hwald/

 

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