El arte femenino de Tamara de Lempicka

Tamara de Lempicka

“Entre un centenar de pinturas, tú puedes reconocer la mía,

mi objetivo era:

No copiar. Crear un nuevo estilo, …

colores claros y luminosos,

y devolver  la elegancia a mis modelos.”

Tamara de Lempicka (1898-1980)

Apasionada, exuberante, atrevida, soberbia, elegante, presumida, coqueta, voraz, depredadora, con poses de estrella y maneras de femme fatal, esa es la descripción amplia de su persona.

Una mujer revolucionaria y adelantada a su tiempo, un tanto frenética y frívola en sus decisiones pero autónoma y creativa sin límites dentro de un mundo regido y administrado por hombres.

Una representante distinguida del arte femenino, la pintora de origen polaco-ruso Tamara de Lempicka, nació a finales del siglo XIX en medio de una familia acaudalada, razón por la cual tuvo la libertad de experimentar con la pintura desde muy pequeña.

Descubrió su pasión por el arte en un viaje a Italia con su abuela en 1911, es decir, a los trece años.  

A lo largo de su vida se movió en medio de las esferas de las altas sociedades, viajando por toda Europa y asistiendo a las mejores academias de arte del momento.

Autorretrato

“Autorretrato” 

En el año de 1918 se casó con Tadeusz Lempitzki, en un matrimonio que llegó a durar once años del cual nació su única hija: Kizette.

La artista vivió diez años en París, durante la época de 1920, destacando  por ser la retratista más importante del estilo Art Decó.

 

Portrait of Marquis Sommi

“Retrato del Marqués Sommi” amante ocasional de Tamara

En 1929 se divorcia y conoce al barón húngaro Raoul Kuffner de Diószegh (1886-1961), un coleccionista de su obra con quien viaja a Estados Unidos. En 1933, Tamara acepta casarse con el barón.

En este punto de esta breve biografía es imprescindible decir que a pesar de su gusto por los hombres, Tamara de Lempicka era abiertamente bisexual, lo que le permitió tener muchas amantes: mujeres que le sirvieron inspiración para tantas de sus obras.

La sensibilidad, la alquimia de su pasión sexual por las mujeres, resulta notable en cada imagen que elaboró.

La Belle Rafaela, 1927

En su estilo es perceptible la gran influencia del Arte Decó, que fue un género que tal como lo representa la clase social de Tamara, surgió en contra de la austeridad en medio de los periodos entreguerras.

El Art Decó se trata de un tipo de arte elegante y fino, donde se conjugan los movimientos de trazos curvos con colores dulces y amables, mientras las figuras geométricas silenciosamente dan sabor a la armonía de las formas.

La obra de Tamara de Lempicka se centra fundamentalmente en retratos femeninos; apenas hay cuadros de hombres, aunque pintaba desnudos de ambos sexos.

Sus mujeres son etéreas, sus ropajes flotantes y sus dedos largos. No son mujeres estilizadas, son más bien corpulentas, influenciada claramente por Botticelli.

Sus cuadros combinan un estilo escultórico clásico y la osadía del cubismo.

Una característica en común es sus pinturas son los labios rojos que dotan de sensualidad a sus escenas. También las posturas de las mujeres hacen que la sensualidad inunde las piezas. Son imágenes casi escandalosas para la época en la que se realizaron.

Las dos amigas, 1923

Joven muchacha con guantes 1929

“Muchacha con guantes”

Es uno de sus cuadros más representativos, en donde la figura de una mujer vestida de verde y la intensidad de los colores permite la manifestación de las formas geométricas.

La expresión de la mujer es tranquila y delicada, lo mismo que la posición de sus manos y su cuerpo.

Mientras tanto, su atuendo resulta tan suave que parece estar vestida de seda, casi develando su desnudez y su belleza como mujer.

“Autorretrato en un Bugatti verde”

es una obra donde la artista rinde homenaje a la muerte de que Isadora Duncan, quien falleció al estrangularse cuando el largo chal que llevaba se enredó en las ruedas delanteras del Bugatti en el que viajaba: siendo una de esas muertes curiosas y tétricas que rara vez se presentan en la historia.

Esta obra exhibe una mujer sensual, con una mirada intensa que desafía a la muerte y reivindica la elegancia de la mujer: su femineidad en estado puro.

Autorretrato en un bugatti verde

Se sabe que Tamara de Lempicka podía llegar a tardar hasta tres semanas en la elaboración de un cuadro. Lo cual es notable en la eterna calma y el gran silencio que inspira cada una de sus obras.

De este modo, la artista logra crear una imagen limpia, transparente y llena de intensidad de lo que es la mujer y su naturaleza en el mundo social al que pertenece.

Tamara de Lempicka ha tenido tanto éxito hasta nuestros días que su estética ha sido motivo de admiración entre artistas del mundo del entretenimiento como Jack Nicholson y Madonna, acerca de los cuales corre el rumor que tiene grandes colecciones de sus pinturas.

La cantante Madonna, de hecho, se inspiró en su talento para la edición del video musical de la canción Vogue en el año de 1990, además de que en su disco Open Your Heart  decidió ilustrar el video de una manera fabulosa con algunas reproducciones de los excelentes cuadros eróticos de una de sus pintoras favoritas, Tamara de Lempicka.

Este hecho sustancial, es un claro ejemplo de cómo su influencia sobrevive al paso del tiempo, defiendo a toda costa el concepto de la mujer y su femineidad.

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